Ilegales en directo - Moratalla marzo 18 de 2006

«Señora, si no le gusta mi careto, cambie de canal» fueron las palabras de Jorge Martínez durante un programa en directo de televisión en el año 1987 mientras actuaba en él con su mítico grupo Ilegales y «Nos veremos en el siquiátrico», es su forma de terminar en todo.

Un poco de historia del grupo

 En 1977, Jorge Martínez, Juan Carlos Martínez y David Alonso forman el trío Madson. Tres jóvenes con poca experiencia comenzaron a experimentar sonidos bajo la influencia de grupos como The Nomads o The Hellacopters, trío que más tarde, en 1979, se convertiría en Los Metálicos y que arrastró mucha gente en Asturias, su patria chica. A finales de 1980, Juan Carlos Martínez —hermano de Jorge— saldría del grupo y fue reemplazado por Íñigo Ayestarán en el bajo; año en el que bautizaron a la banda con el nombre de Ilegales. Íñigo abandona el grupo en 1981, y entra David Alonso quien inscribe al grupo en el concurso «Villa de Oviedo». Ese mismo año, Ilegales publica el single «La pasta en la mano» y «Revuelta juvenil en Mongolia». Por esa época, y luego de la salida de Íñigo, entra al grupo Willy Vijande. En 1982 Paco Martín en Madrid compra la producción y sale el disco «Ilegales» bajo el sello «Hi-Fi Electrónica». Luego de la gestión del famoso cantautor Español Víctor Manuel, quien llevó a Ilegales a «EPIC Records», sale al mercado en 1984 el disco «Agotados de esperar el fin», que fue un rotundo éxito y con él Ilegales no paró de actuar por toda España. (www.los-ilegales.com/historia.htm).

Su último álbum: «Si la muerte me mira de frente me pongo de lao». Habla de la noche en que su padre le echó de casa, describe noches en clubes de alterne y en los bares de carretera y hasta ofrece la visión de los acontecimientos del 11 de septiembre desde el punto de vista de un joven árabe.

Discos editados a lo largo de su carrera musical: once, pero si contamos sus directos y recopilaciones son trece.

Datos del concierto

Día: 18 de marzo de 2006.
Lugar: Moratalla (Murcia) / Sala Zer-bicio
Hora: 23:00 h.
Precio de la entrada: 18€
Calificación del concierto: notable.
Ambiente: fantástico.
Asistencia: más de 200 personas (aforo máximo).  

Para los que, a nuestros dieciocho años, escuchábamos las canciones del grupo musical Ilegales, su concierto en Sala Zer-bicio, en Moratalla, supuso un regalo a nuestros recuerdos más maravillosos de los «ochenta». Canciones desinhibidas, con mensaje social, con contenido y densidad en las letras y con una guitarra y un bajo al más puro estilo «ilegal». Crearon escuela entonces y aún siguen en ello. El concierto duró unas dos horas en total, y Jorge Martínez asumió con garantías su papel de líder lanzando misivas y arengas entre canción y canción. Siempre tan valiente como lo fue desde sus inicios, como Ilegales en la mítica sala Rockola, en 1982. Todo un espectáculo para los oídos y los ojos. Todo un ejemplo de saber madurar y de profesionalidad.  

Entró el asturiano Jorge Martínez, Jaime Belaustegui (Batería) y Alejandro Blanco (Bajo), y como siempre el aspecto de Jorge era el mismo; parece que no hayan pasado los años por él y nosotros nos alegramos. Al entrar, le saludamos y le preguntamos que si podríamos hacerle una entrevista: contestó que sí, que más tarde; al finalizar el concierto.

Con la sala al completo y con las canciones empezando a sonar, nos dejamos llevar y sobre esos momentos sólo cabe decir que sentimos añoranza, juventud y escuchamos buena música… Y cómo sonaba ese bajo tan carismático y esa guitarra del solista de lujo, Jorge Martínez. Tocaron, entre otros, aquellos viejos temas que ya forman parte de nuestra piel: «Hola Mamoncete», «Tiempos nuevos, tiempos salvajes», «África paga», «Yo soy quien espía los juegos de los niños»… Y canciones de su último disco. Más de treinta canciones.

Después del concierto, nos acercamos a su manager, Paco, (que así quiere que le llamen) y le preguntamos que si había inconveniente en hacerle unas preguntas a Jorge y «sin ningún problema», fue su respuesta (tal y como nos prometió Jorge).

En un rinconcito del local, en unas escaleras que servían de descanso y avituallamiento, allí encontramos al grupo y comenzamos la entrevista liberados de todo complejo gramatical y de formas que suele ser tan habitual en él. Sin complejos.

—¿Puedo preguntarte lo que quiera?

Sí, lo que quieras.

—El sello discográfico que habéis montado se llama La Casa del Misterio, en referencia a una canción de tu pasado musical más lejano «Vives en la casa del Misterio», cuéntanos: ¿por qué habéis huido de las grandes firmas comerciales?

Ya sabes que a nosotros nos gusta una cierta ideología anarquista y vamos a llevar a la práctica todo lo que decía Bakunin, por mucho que nos critique esa gente que sacraliza la república liberal burguesa, en esta democracia de mierda.

—Esta noche parece que el reportero iba más borracho que el cantante de Ilegales.

No es cuestión de borracho o no. Yo no llevo conmigo ninguna bandera. La bandera del alcoholismo me parece una bandera tonta. La bandera de las guerras tampoco me gusta… No me gustan las banderas (nos insiste).

—¿Sabes que eres un mito para gente como nosotros?

Hemos influido, aunque sea un poco, en una pequeña parte de la historia. La palabra «mito» suele ser poco sincera.

—¿«Heil Hitler»,por qué no esta noche?

No está en nuestro repertorio. Tenemos más de cincuenta canciones en él. Hicimos esa canción durante la época de la izquierda divina para molestar a todo el mundo. Ahora ha perdido un poco de fuerza… No sé.

—Tú sabes que a partir de «Ángel exterminador», del disco «Chicos pálidos para la máquina», el grupo ha decaído algo: hermosa letra, ¿verdad?

Esa canción creó un clima guapo, estamos hablando del año 88. Todo el mundo callaba cuando sonaba. Te diré una cosa: lo raro es que un grupo de rock pegue y funcione, que tenga un público masivo. Que un grupo de rock desaparezca tal vez sea lo más normal. Nos marchamos de España para hacer amigos. Fuimos a Chile y a Ecuador... Es cojonudo estar tomando aquí con vosotros algo, pero también es cojonudo estar en la Plaza de Armas de Chile tomando unas cervezas. Se trata de aprender y vivir.

—¿La canción «Agotados» no crees que tiene más razón que nunca? Lo digo por la bazofia de la música que nos encontramos actualmente y por la falta de respeto que hay en general al trabajo bien hecho.

Musicalmente llevas razón: esto es una bazofia. Pasa en la Literatura y pasa en casi todo. Ese disco, «Agotados de esperar el fin», se encuentra en fase de remasterización y probablemente estará en las tiendas para el mes de abril, es todo lo que te puedo decir. Tendrá sorpresas y mejoras de sonido.

—¿Merece la pena seguir en esto de la música?

Sí. Coges una guitarra contra el cuerpo y suena cojonuda; y mira que les hago guarradas a las guitarras. ¡Les armo la de Dios! ¡Es que me las follo! Esta noche les rompí varias veces las cuerdas y eso me suele pasar en los conciertos, ¡joder! Sé que jodí el concierto y lo tuve que cortar dos veces esta noche. Mi guitarra es una guitarra muy cara, una Gibson y suena de puta de madre. Antes tenía una Custón. Ahora mismo soy el primer y único artista latino al que esa marca regala guitarras. A Santana no se la regalaron.

—Después de veinte años, ¿las letras de las canciones de Ilegales se sostienen, o es una falacia?

Hombre, yo creo que las letras de Ilegales son actuales ahora y lo fueron también hace mucho tiempo. Son hijas de la buena música y de Quevedo…

—¿A qué te dedicabas antes de ser guitarrista?

Yo estuve en la facultad de derecho, me iba muy bien pero la música era lo que a mí me gustaba…. Y no estaba muy equivocado.

—¿Qué piensas de los «triunfitos»?

Yo no presto atención a eso, me dedico a hacer música. No voy a los Karaokes nunca. No tiene nada que ver esto con Ilegales.

Este grupo, Ilegales, es un grupo que no defrauda, que da la talla y trabaja esté donde esté. Son genuinos y muy humanos. Nos trataron con total cordialidad a nosotros y a todo el que se les acercó. Firmaron autógrafos y parecían estar muy cómodos entre la gente.

Dejamos a Jorge Martínez, que se fue enseguida a tomarse algo y a mezclarse con la peña, y nos preparamos para el siguiente concierto. Lo dicho, un grupo que vale la pena ir a verlos.

 

Enrique Leante Chacón. (periódico El Noroeste)

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